Ximena Solis

En Puebla, la polémica creció luego de que se revelara que el esposo de la actual directora del Instituto Municipal de la Juventud ofreció liberar las prácticas profesionales y servicio social de los jóvenes, con el objetivo de abarrotar el acto de la presidenta Claudia Sheinbaum en la capital del estado. La noticia generó indignación al evidenciar un uso político de programas destinados a la formación estudiantil.

El hecho resulta especialmente contradictorio porque, al mismo tiempo, se cancelaron prácticas profesionales a jóvenes que habían solicitado espacios en el propio instituto. Es decir, se les cerraron las puertas a quienes buscaban aprender y cumplir con un requisito académico, mientras se usaban esos mismos mecanismos para sumar asistentes a un evento político. La incongruencia ha sido señalada como un golpe a la credibilidad de la institución.

Los estudiantes afectados denuncian que esta cancelación los deja en un estado de incertidumbre, retrasando sus trámites escolares y limitando su experiencia profesional. Para muchos, el servicio social y las prácticas representan un primer acercamiento al mundo laboral, por lo que ver estos espacios condicionados a intereses políticos resulta indignante.

El Instituto Municipal de la Juventud, que debería impulsar oportunidades de crecimiento, ha quedado en el centro de la crítica. El uso de programas juveniles como moneda de cambio para abultar actos públicos contrasta con la misión de promover el desarrollo y la participación real de las y los jóvenes en la vida social y profesional.

La situación exhibe una clara incongruencia: por un lado, se niegan oportunidades formativas a quienes desean crecer; y, por otro, se manipulan los mismos programas para garantizar la presencia masiva en un evento político. Esta contradicción no solo debilita la confianza en las instituciones, sino que también deja en evidencia la falta de congruencia entre el discurso y las acciones.

En un contexto donde se insiste en que la juventud es el motor de México, resulta irónico que se le trate como simple “relleno” político, en lugar de ofrecerle espacios para construir un futuro digno. Lo ocurrido en Puebla es un recordatorio de cómo la instrumentalización de la juventud mina la credibilidad de las instituciones y traiciona la confianza de quienes esperan apoyo, no manipulación.