Daniel Hernández Sánchez

En un giro diplomático que ha captado la atención mundial, el presidente ruso Vladímir Putin propuso prorrogar por un año el tratado Nuevo START con Estados Unidos, cuyo vencimiento está previsto para febrero de 2026. Esta iniciativa busca mantener los límites sobre ojivas y sistemas de lanzamiento estratégicos, como misiles y bombarderos, bajo un marco de responsabilidad internacional.

Putin subrayó que la expiración del tratado podría generar graves riesgos para la seguridad global, incluyendo una escalada en la carrera armamentista nuclear. En una reunión con el Consejo de Seguridad de Rusia, el mandatario insistió en que los términos del compromiso deben ser respetados mutuamente, y llamó a Estados Unidos a corresponder la medida para asegurar una prórroga “equivalente” en confiabilidad y cumplimiento.

El tratado Nuevo START, firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvédev, limita actualmente a cada país a 1,550 ojivas nucleares desplegadas y un máximo de 700 sistemas estratégicos de lanzamiento. Aunque Rusia suspendió en 2023 su participación en algunas disposiciones del acuerdo, ha declarado su disposición a continuar observando los límites cuantitativos del pacto durante un año más.

La propuesta ha sido bien recibida por analistas internacionales que la consideran un intento de preservar un mínimo de previsibilidad en un entorno geopolítico cada vez más tenso. Sin embargo, también genera desconfianza: algunos observadores advierten que la falta de inspecciones activas y la retórica militar entre ambas potencias podrían dificultar su implementación auténtica.

Lo que está en juego va más allá del tratado en sí: se trata de evitar que el control de armas nucleares —el último bastión de regulación directa entre Rusia y Estados Unidos— quede abandonado, lo que podría desencadenar una nueva era de incertidumbre estratégica global. La propuesta pone a prueba la capacidad diplomática de ambos países para privilegiar la seguridad compartida sobre los enfrentamientos.

Si Washington responde afirmativamente y se concreta la extensión, la medida podría marcar un respiro en las relaciones internacionales, al menos temporalmente, y abrir la puerta a negociaciones más amplias sobre el control armamentístico. Pero si falla la reciprocidad, la propuesta podría quedar en mera declaración, válida como gesto simbólico, pero insuficiente ante los desafíos estructurales de la paz mundial.