Autor: Daniel Hernández Sánchez

En México, la historia política ha cambiado de rumbo. Si antes el poder parecía tener rostro masculino, hoy ese rostro se transforma con firmeza, sensibilidad y capacidad. La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia no es un punto aislado, sino la culminación de un proceso que ha ido tomando forma en los últimos años: las mujeres están asumiendo el liderazgo público con resultados visibles y transformadores. Porque hoy, más que nunca, tenemos mucha presidenta.

Claudia Sheinbaum no solo ha roto el techo de cristal más alto de la política nacional, también ha inspirado a cientos de mujeres a tomar las riendas del servicio público con seriedad y vocación. Su estilo de gobierno, basado en la técnica, el diálogo y la responsabilidad social, ha sentado las bases de un liderazgo que no se impone, sino que persuade y transforma.

Siguiendo ese ejemplo, mujeres emanadas del movimiento de la Cuarta Transformación están marcando la diferencia en todo el país. Una de ellas es Layda Sansores, gobernadora de Campeche, quien ha combatido con tenacidad las redes de corrupción heredadas, impulsando una agenda de transparencia, cultura y participación ciudadana. Su gobierno ha acercado la administración pública a los barrios, con un estilo directo y sin concesiones.

En Colima, la gobernadora Indira Vizcaíno ha priorizado el bienestar social mediante políticas de austeridad, educación gratuita y becas para jóvenes. Además, su enfoque comunitario en temas de seguridad y salud la han posicionado como una de las líderes estatales con mayor aprobación ciudadana.

Otro ejemplo es Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, quien ha consolidado importantes inversiones públicas en infraestructura, así como programas de apoyo alimentario y de vivienda que han beneficiado a miles de familias. Su apuesta por una gobernanza cercana ha fortalecido los vínculos entre el gobierno y la sociedad civil.

También destaca Clara Brugada, quien gobierna la Ciudad de México con una trayectoria sólida desde Iztapalapa, donde convirtió una de las alcaldías con más rezagos en una zona referente en participación ciudadana, movilidad y cultura. Sus “Utopías” —espacios comunitarios multifuncionales— son ahora modelo para todo el país.

En el ámbito legislativo, mujeres como Citlalli Hernández, han sido clave para consolidar una agenda feminista dentro del partido, impulsando reformas a favor de los derechos laborales de las mujeres, el derecho a decidir y la paridad en todos los órganos de gobierno.

Este avance no es casual. Responde a una convicción política y moral del movimiento encabezado por la presidenta Sheinbaum, quien ha colocado a las mujeres como protagonistas de la transformación nacional. No es un gesto simbólico, es una estrategia de fondo: una sociedad más justa y moderna necesita del liderazgo de todas.

Por ello, no puede faltar el reconocimiento a Olivia Salomón, exsecretaria de Economía de Puebla y actual figura clave en el ámbito nacional como directora de la Lotería Nacional. Olivia no solo representa a una mujer con experiencia y visión empresarial, sino también a una funcionaria pública honesta, cercana y con resultados concretos. En su gestión promovió la reactivación económica postpandemia, impulsó la inversión extranjera y defendió el papel de las mujeres emprendedoras. Su nombre, sin duda, seguirá resonando como parte del relevo generacional de liderazgos femeninos en México.

Hoy, más que nunca, México se gobierna con rostro de mujer. No una, sino muchas. Porque sí: tenemos mucha presidenta, y nos hace falta aún más.