Rebeca Jimenez

En un panorama político donde muchas veces la voz de las juventudes se reduce a una fotografía o una publicación en redes, surgen movimientos que rompen con la simulación y apuestan por la acción directa y la organización auténtica. Uno de ellos es Juventud en Marcha, un colectivo liderado por Carlos Josué Wences Mosso, que ha logrado posicionarse como una referencia de participación juvenil real en Puebla.

Desde su fundación, Juventud en Marcha ha tenido claro su objetivo: que las juventudes sean tomadas en serio. Su visión, profundamente comprometida con la transformación social, apuesta por la unión entre formación política, voluntariado, activismo y cultura. A través de marchas, debates públicos y eventos comunitarios, el colectivo busca construir un futuro más justo e inclusivo desde abajo.

El próximo 16 de agosto, este esfuerzo se materializa en un festival gratuito en Puebla, hecho por y para juventudes. Música, danza, poesía, salud y reflexión serán los pilares de esta jornada que visibiliza el potencial organizativo de una generación muchas veces ignorada por las instituciones. La apuesta es clara: demostrar que cuando se escucha a las y los jóvenes, pueden crear espacios con un verdadero impacto social.

La importancia de colectivos como Juventud en Marcha va más allá del evento en sí. Representan una nueva forma de hacer política desde la ciudadanía, sin depender de partidos, agendas impuestas o intereses personales. En un estado donde muchas iniciativas juveniles han sido cooptadas o utilizadas como herramienta mediática, este tipo de movimientos destacan por su coherencia, transparencia y compromiso.

Juventud en Marcha se suma así a una pequeña pero poderosa lista de colectivos que realmente tienen incidencia y acciones reales en Puebla. No son solo imagen, no juegan a la política. Entre ellos destacan también LideraMX, Líderes en Movimiento, Innovación Joven, Jóvenes Emprendedores en Acción y Faceta Consciente. Todos con propuestas concretas, alejados de intereses partidistas y con un genuino deseo de cambio.

Cabe preguntarse: ¿los partidos políticos sabrán leer este momento histórico? ¿Seguirán utilizando a los líderes juveniles como adorno o finalmente los integrarán como agentes de cambio reales? Ya lo veremos. Por ahora, lo que sí es evidente es que la juventud poblana se está organizando, está despertando y está marchando.

Movimientos como Juventud en Marcha no solo representan esperanza: son ya una realidad transformadora. Y eso merece ser reconocido, apoyado y, sobre todo, replicado.