Daniel Hernández Sánchez La aprobación de la jornada laboral de 40 horas en México marca un punto de inflexión en la historia del derecho del trabajo en el país. La presidenta Claudia Sheinbaum celebró la decisión como el cumplimiento de una demanda largamente sostenida por trabajadores, sindicatos y diversos sectores sociales. Más allá del anuncio político, la medida representa un ajuste estructural que impactará directamente en la dinámica económica, empresarial y social de México. Durante su posicionamiento, la mandataria destacó que esta reforma no es un gesto aislado, sino parte de un proceso de transformación laboral que inició en años recientes con el aumento al salario mínimo y la reforma en materia de subcontratación. La reducción de la jornada semanal de 48 a 40 horas implica un rediseño en la organización del tiempo de trabajo y obliga a repensar la productividad desde una perspectiva distinta, más orientada al bienestar que únicamente a la acumulación de horas. La discusión sobre la jornada laboral no es nueva. Desde hace décadas, especialistas en economía laboral han señalado que México se encontraba entre los países con mayor número de horas trabajadas al año dentro de la OCDE. Sin embargo, esa alta carga horaria no se traducía necesariamente en mayor productividad. La reforma busca precisamente romper esa inercia: menos horas, pero mejor distribuidas y con mayor eficiencia. En el plano político, la aprobación también envía un mensaje claro sobre la orientación social del actual gobierno. La narrativa oficial sostiene que se trata de saldar una deuda histórica con la clase trabajadora. No obstante, el reto ahora será garantizar una implementación gradual y ordenada que no genere distorsiones en sectores particularmente sensibles, como la industria manufacturera o los servicios. Para el sector empresarial, la transición requerirá ajustes en costos operativos, esquemas de turnos y estrategias de contratación. Algunas voces han manifestado preocupación por el impacto inmediato en pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, experiencias internacionales demuestran que jornadas más cortas pueden elevar la motivación, reducir el ausentismo y mejorar el clima laboral, factores que eventualmente se reflejan en mejores resultados productivos. En el ámbito social, la reforma podría traducirse en mayor tiempo para la vida familiar, el descanso y la formación personal. En un país donde la informalidad laboral sigue siendo un desafío estructural, el verdadero alcance de la medida dependerá de su capacidad para extender beneficios también a quienes hoy trabajan fuera del esquema formal. El cambio no es menor. Representa una redefinición del equilibrio entre capital y trabajo, una señal de que el desarrollo no puede medirse únicamente en términos de crecimiento económico, sino también en calidad de vida. La jornada de 40 horas abre una nueva etapa que deberá evaluarse con datos, diálogo y responsabilidad compartida entre gobierno, empresarios y trabajadores. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura de Sismo Político News. Este portal no se hace responsable por el contenido, veracidad o interpretación de los artículos publicados. Navegación de entradas México proyecta un 2026 con mayor dinamismo económico: certidumbre e inversión como pilares Sarampión en México rumbo al Mundial 2026: prevención, salud pública y mensaje de confianza