Autor: Daniel Hernández Sánchez

La inflación en México continúa su tendencia al alza. De acuerdo con los datos publicados este 9 de junio por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un aumento de 4.42% a tasa anual durante mayo, lo que representa el cuarto mes consecutivo de aceleración inflacionaria y el mayor nivel desde enero de 2024.

Este repunte inflacionario ha sido impulsado principalmente por el incremento en los precios de alimentos procesados, mercancías no alimenticias y algunos servicios, como el transporte aéreo y los restaurantes. En contraste, se observó una leve baja en productos agropecuarios y energéticos, lo que evitó una escalada más pronunciada del índice general.

El componente subyacente, que excluye los bienes y servicios con precios más volátiles, se ubicó en 4.31% anual, mientras que la inflación no subyacente —que considera frutas, verduras, combustibles y tarifas autorizadas— alcanzó un 4.75%. Este comportamiento sugiere que las presiones inflacionarias continúan presentes en los sectores más relevantes del consumo diario.

Especialistas del sector financiero advierten que, si bien el nivel actual está por debajo del pico inflacionario de años anteriores, su persistencia podría complicar el panorama de política monetaria del Banco de México. La Junta de Gobierno ha mantenido la tasa de referencia en 11% desde marzo, y este nuevo dato podría retrasar cualquier recorte contemplado para el segundo semestre del año.

El entorno económico global, las presiones salariales internas y la debilidad del tipo de cambio han sido factores determinantes en esta tendencia alcista. A esto se suma una recuperación desigual en los sectores productivos, lo que genera distorsiones en los precios al consumidor.

Ante este escenario, analistas recomiendan cautela tanto a consumidores como a inversionistas, y llaman a fortalecer las políticas públicas que ayuden a contener los costos de bienes esenciales sin frenar el crecimiento económico. El reto será equilibrar la estabilidad de precios con el impulso al poder adquisitivo en una coyuntura de incertidumbre.