Autor: Terremoto Político

En las últimas semanas, un fenómeno particular ha llamado la atención de quienes transitan por el centro histórico de la ciudad de Puebla. Bajo el gobierno municipal de José “Pepe” Chedraui, se ha intensificado la vigilancia sobre el uso correcto de parquímetros y el cumplimiento del reglamento de tránsito, en especial mediante la verificación de placas. Sin embargo, más que generar orden o confianza, esta medida ha provocado un sentimiento generalizado de incomodidad y molestia ciudadana.

La estrategia consiste en que células de dos personas —personal operativo del ayuntamiento— recorren las calles céntricas para revisar que los automóviles cuenten con el pago correspondiente del parquímetro. En caso de no tenerlo, se procede al retiro de placas. Y aunque jurídicamente esta acción está respaldada por el reglamento, lo que muchos ciudadanos cuestionan no es la legalidad de la medida, sino el tipo de presencia oficial que se hace notar únicamente para sancionar, no para proteger.

Lo curioso es que esta nueva visibilidad de agentes municipales contrasta con una queja constante de años: la ausencia de autoridades en momentos de necesidad, cuando ocurren robos, asaltos o disturbios en el mismo centro de la ciudad. Ahora, la ciudadanía sí percibe a los funcionarios, pero no como aliados de la seguridad pública, sino como instrumentos de recaudación y vigilancia restrictiva.

Esta dinámica ha provocado una reflexión necesaria: ¿por qué se ven más servidores públicos quitando placas que policías previniendo delitos? La respuesta no está en la ley, sino en las prioridades que se están proyectando desde el gobierno municipal. La percepción importa, y en este caso, la presencia oficial no genera seguridad, sino amenaza.

No se trata de desestimar la importancia del orden vial ni de oponerse a la modernización del sistema de estacionamiento, sino de cuestionar el enfoque unilateral con el que se ejecutan estas políticas. ¿Dónde están esas mismas células cuando alguien necesita auxilio, cuando hay personas en situación de calle en crisis, o cuando se presentan conflictos vecinales?

La autoridad no puede limitar su imagen a la del castigo. Un gobierno cercano no es el que aparece para imponer sanciones, sino el que acompaña, escucha y resuelve. El reto para el gobierno de Pepe Chedraui está en transformar esta percepción negativa en una verdadera estrategia de presencia ciudadana.

Quizá lo que se necesita no es retirar menos placas, sino reorganizar las prioridades de vigilancia, y que esa presencia que ahora se siente intrusiva pueda convertirse en una que verdaderamente inspire confianza. Porque en el corazón de Puebla, lo que se pide no es impunidad, sino una autoridad que se vea… y se sienta del lado de la gente.