Andrés Cisneros

Científicos confirmaron que el cometa 3I/ATLAS no se originó en nuestro sistema solar, sino en la frontera entre el disco delgado y el disco grueso de la Vía Láctea, lo que lo convierte en una auténtica reliquia galáctica. Descubierto a finales de junio y confirmado por la NASA en julio, viaja a más de 210,000 km/h y tiene un tamaño estimado entre 4.8 y 11.2 kilómetros de ancho.

El estudio, basado en observaciones del telescopio Gaia de la ESA, reveló que su trayectoria no fue alterada por ninguna estrella cercana, lo que sugiere que el cometa ha viajado millones —o incluso miles de millones— de años sin desviarse.

Los astrónomos sostienen que 3I/ATLAS podría ser el objeto interestelar más grande registrado, después de ’Oumuamua y 2I/Borisov, y estiman que tiene una antigüedad de más de 10,000 millones de años, el doble de la edad del Sol.

Esta “cápsula del tiempo cósmica” podría ofrecer pistas únicas sobre los primeros procesos de formación de planetas en la galaxia, antes incluso del nacimiento de nuestro sistema solar.

Mientras continúa su paso por el sistema solar interior, misiones científicas preparan observaciones para analizar su composición y confirmar si su estructura conserva material primigenio de la Vía Láctea temprana.