Yureymi Verónica Escobar Rivera

Nuestra generación aprendió a encender el micrófono y la cámara, pero hoy nos apagan las luces de la explanada. Así es como podríamos resumir la historia a tiempo corriente de una de las preparatorias más grandes en cuanto a matrícula y extensión, la Unidad Académica Alfonso Calderón Moreno, en la cual parece que las clases de civismo se dictan mejor desde la práctica del control que desde las aulas.

Era el año 2020, plena pandemia, cuando se anunció el llamado “rechazo cero” de la BUAP, en la cual todo aquel que siguió el proceso de admisión en este año tuvo la oportunidad de vivir el sueño de ser un “aspirante seleccionado a inscripción”. No hubo la típica competencia por la admisión en toda la comunidad BUAP, sin embargo, sí hubo una aplicación de “examen de ubicación” para el Nivel Medio Superior, el cual tuvo como fechas de aplicación del viernes 25 al domingo 27 de junio de 2021; para presentarlo se debían seguir al pie de la letra las medidas sanitarias: cubrebocas, careta y sana distancia. Gracias a este examen de ubicación, tomando en cuenta el puntaje obtenido individualmente, a la generación 2020 de Nivel Medio Superior se le asignaron dos turnos posibles (matutino y vespertino), más uno alterno (el llamado Bachillerato Universitario Mixto, BUM) que consistía en clases presenciales en la unidad académica los sábados cada 15 días, contando con clases en línea entre semana de manera constante, sin la división característica de áreas propedéuticas del Plan de Estudios 07 que llevan tradicionalmente las prepas BUAP, teniendo por ende una menor carga académica. 

En el periodo de otoño 2021, aún sin el conocimiento de los profesores de manera presencial, vivimos una elección virtual. Esto es bastante importante: en la Calderón se vivió una elección con una candidata única para la Dirección, la Maestra Juana Concepción “Conchita” Meneses Juárez, quien ya llevaba un historial de ocho años siendo secretaria administrativa y posteriormente secretaria académica, así como parte del Honorable Consejo Universitario. Las cartas a tomar eran claras y estrictas: votar por ella, o votar por ella. Preguntar por el voto nulo era casi una insolencia. “Si gana el nulo, se repite la elección, pero igual gana Conchita”, nos respondían. Y como en toda elección moderna, el voto fue libre y secreto… aunque acompañado de evidencia. Bastaba con mandar una captura de pantalla donde se viera el voto emitido de manera “libre y secreta”, junto con el nombre completo.

En ese semestre, con las elecciones de frente, nos solicitaron grabar reuniones en la plataforma de Meet, para que, al no ocupar la plataforma tradicionalmente usada por la BUAP desde pandemia, Teams, no se pudiera deducir que éramos alumnos de la prepa, y se creyera que era un apoyo exterior; en estos videos teníamos que expresar nuestro total apoyo y simpatía con la candidata única, así no tuviéramos cercanía con ella. Ustedes podrán discutir: ¿por qué lo hacíamos? Simple: es fácil obtener algo que parece salida única para un menor de edad, un adolescente. Había diversos factores que nos hicieron restarle importancia. En primer lugar, no teníamos otros candidatos; en segundo, no sentíamos que tuviera algo de malo; tercero, los profesores nos lo pintaban de ideal; y cuarto, lo que yo llamo “incentivos condicionados”: al momento de mostrar tu “apoyo” tenías derecho a calificación, más puntos extra o participaciones en clase, que quedaban registradas con tus evidencias a lo largo del “proceso democrático”. Al ver que el resultado de la elección nos dio a Conchita como cabeza de la preparatoria nos sorprendió demasiado. ¡Wow! ¿Quién se lo habría imaginado? Como si nadie se lo hubiera esperado, el 1 de diciembre de 2021 realiza su toma de protesta.

Cuando regresamos a clases presenciales, una de las preparatorias que convencionalmente tiene una alta demanda es la “Caldera”, como muchos le conocen. Al ser así, tomando en cuenta el rechazo cero, se volvió todo un reto. Al principio, los alumnos de la generación 2020 tuvieron una sensación de un lugar estable y desconocido, como si fueran de nuevo ingreso, aunque la generación de nuevo ingreso al regreso de clases presenciales fue la 2021. Aquí es donde conocemos a nuestros profesores en persona, y todo parecía demasiado normal en un principio; pero no tardó mucho en volverse evidente quiénes apoyaban el rumbo de la nueva dirección y quiénes no. Estos últimos comenzaron saliendo del plantel educativo, siempre de manera similar, comenzando con la expresión del descontento, tensión laboral, disminución de carga académica a los profesores, limitación de los recursos y herramientas pedagógicas, advertencias y amenazas, presión, sensación de vigilancia y persecución, profesores rompiéndose frente a los alumnos debido al estrés y/o miedo acumulado; en casos muy específicos se pedía a los propios alumnos firmas justificando su fin para “pases de lista” o un “control rutinario”, que terminaban siendo usados para darle “credibilidad” a acusaciones a los profesores no simpatizantes y poder argumentar su disminución de trabajo o sanciones en un principio injustificadas.

Este tipo de tensión se fue haciendo más evidente mientras cada mes transcurría. Los alumnos lo notábamos, y fue cuando tratamos de hacer las cosas diferentes: se recolectaron firmas dando apoyo a estos docentes que injustamente se les estaba haciendo un sabotaje dentro de la unidad académica, condicionando de igual forma a alumnos para dar testimonios que favorecieran a la actual dirección. A su vez, la preparatoria estaba en constante “remodelación” e “innovación”. Sorprendentemente, estas obras se extendían semestres completos; uno de los casos más evidentes fue cuando en otoño de 2022 se comenzó la construcción del comedor y su finalización hasta primavera de 2023, así como la remodelación de los baños del CAL 7, que al finalizar dio paso a quejas constantes debido a que tardó mucho el tiempo en realizarse para el área pequeña que era, además de que los materiales eran muy frágiles, así como se pudo observar que algunas de las puertas estaban mal instaladas al grado de que estaban puestas al revés, es decir, que el marco de la puerta no coincidía con el seguro.

Igual teníamos el edificio más “bonito” de toda la ACM, el CAL 10. Un edificio de tres niveles, con la Minerva en un costado con los colores representativos de la BUAP. A pesar de ser el edificio con la mejor vista, con el diseño más moderno y limpio, normalmente el sistema eléctrico en los baños era deficiente. Este edificio contaba con un elevador, el cual nunca estuvo en funcionamiento desde el regreso a presenciales. Pero ¿qué sucedía cuando el estudiantado tenía que subir al segundo piso a hacer sus prácticas de laboratorio de Biología? Realmente no se sentía estabilidad en las escaleras: si alguien pasaba, sin importar el peso, todas las escaleras vibraban, sin importar el nivel en que estuvieras bajando o subiendo, se percibía el vibrar en cada paso. También la unidad académica cuenta con unas canchas, canchas techadas, dojo, un campo enorme y un gimnasio; en direcciones anteriores estos dos últimos eran de libre acceso para la comunidad estudiantil, pero después del regreso a clases el gimnasio se volvió un elefante blanco y el campo solo se volvió de acceso en caso de que los docentes programaran una sesión en esta área. De igual forma, al comenzar este semestre el servicio de internet desapareció por completo aproximadamente dos meses, y nunca se buscó por parte de dirección una solución alterna cuando era de claro conocimiento que es una herramienta totalmente necesaria. No se trataba de ocio; se trataba de un servicio básico. 

Los alumnos proponían eventos para fomentar la cultura y actividades recreativas para la comunidad de la Caldera, siempre con un gran apoyo estudiantil. Pero al ser presentadas estas propuestas, eran archivadas por dirección: siempre decían que lo considerarían y que estarían en contacto contigo, pero solo se quedaba del lado los proyectos estudiantiles, desanimando las ganas de hacer algo por la comunidad. Esto ocurrió más de una vez. Sin embargo, hubo mucha insistencia por parte de dirección por hacer obligatorio el uso de un uniforme, en un principio solo necesario para quienes representaban los equipos de la preparatoria, mismo uniforme que debían cubrir de los propios gastos de los alumnos, condicionando su participación en las actividades deportivas en caso de no obtenerlo. La generación de pandemia salió al término de ese semestre, ¿y qué sucedió? La sobrematrícula provocó que fuera muy difícil la organización para la ceremonia de entrega de documentos; es por esta razón que los estudiantes tenían derecho a comprar el pase personal más uno extra por persona, no más.

Una vez que salió la polémica generación del rechazo cero, se continuó con obras dentro de la preparatoria. Una de ellas fue la creación de una barda alrededor de la escuela, un cambio en la reja por un portón, y una vez más remodelaciones en los baños. Ahora, en plena temporada electoral, se anuncia una nueva “gran obra”: una pista de atletismo de tartán y campo traviesa. Igual desde hace años se han prometido muchos proyectos que nunca se llevaron a cabo. Actualmente, dentro de las propuestas de Meneses, está la creación de un quiosco (que prometió en años pasados y no se realizó) y actualmente un aula gaming. Suponiendo el caso de que sí se consolide su creación, ¿tendrá el acceso el alumnado? ¿O será igual que el gimnasio y el campo? ¿Se tiene la capacidad de una señal estable para esta sala? ¿O por qué se le daría más importancia a tener una red estable para esta aula cuando no se le daba prioridad como herramienta para los alumnos, profesores y laboratorios? Y, sin embargo, se siguen dejando de lado las demandas reales y más urgentes del alumnado: una llamada a ser escuchados, a tener seguridad, espacios reales de descanso y una participación activa, educación de calidad y docentes presentes.

En esta ocasión no tenemos un candidato único, la Caldera tendrá la oportunidad de tres opciones a elegir: la reelección de la actual dirección, la oposición con el Maestro Nahum Sarmiento Cordero, y por último, el voto nulo. Y aunque se ha tenido registro de la desigualdad de condiciones referente a las campañas, estoy hace entrar a los chicos en duda porque entre cada día pasa salen a la luz más testimonios sobre la actual dirección y su relación con las anteriores direcciones. El pasado Jueves 23 de octubre mientras la oposición realizaba su campaña en el turno vespertino, aproximadamente a las 7 p.m. le fueron apagadas las luces de la explanada, cuando es bien sabido que la administración de la energía a la iluminación de esta área, así como de las canchas techadas  se encuentra en la zona de dirección.

La comunidad estudiantil propuso realizar un debate entre ambos candidatos, programado para el lunes 27 de Octubre del presente año, a las 12 p.m. El documento con la petición fue firmado por estudiantes y entregado formalmente, así como expuesto en el periódico mural para el conocimiento de la preparatoria en general. Pero, como ya es costumbre, la respuesta institucional no fue diálogo, sino silencio. El papel fue arrancado. Arrancado del tablero, del pasillo, del espacio público. Como si al romper una hoja se rompiera también la voluntad de participar. Es importante dejar muy en claro que esta no era una solicitud ni del candidato opositor ni mucho menos de la dirección actual; era una petición por parte del alumnado. Más que un confrontamiento, lo que se buscaba con ello era conocer más a sus candidatos, propuestas y visiones, pero dirección no quiso aprobarlo, y aun a pesar de ello se tiene la esperanza por parte de los estudiantes de poder lograrlo.

El pasado Viernes 24 de Octubre, después de ser arrancada la petición del debate, procedieron a ir profesores simpatizantes a colocar propaganda política favoreciendo a la candidata Conchita, al interrogar a los profesores sobre su expresión, la profesora Dulce Ivonne comentó que tenían el derecho a expresar su apoyo al candidato de su mayor afinidad de acuerdo al “Estatuto de la Normativa”. Sin embargo, aquí podemos observar como se está violando el Estatuto Orgánico de la BUAP, en el cual se recalca en los artículos 7, 8 y 9 que no se puede hacer uso de su cargo ni sus funciones para fines personales, políticos o de grupo, así como el respeto, la ética y la imparcialidad. De igual manera, el artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos promueve una educación laica, y ajena a doctrinas políticas y religiosas, es por esta razón que los profesores no deberían mostrar este tipo de apoyo, no están tratando con una comunidad universitaria aún, si no con unos chicos de preparatoria, en su mayoría menores de edad, lo cual puede afectar su influencia al momento de ejercer su voto. De igual forma esto lo encontramos en el artículo tercero de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en el artículo 13, fracción VII, la cual respalda a los menores de edad de “toda forma de manipulación o utilización con fines políticos, religiosos o de cualquier otra índole”.

Durante el paro reciente, la propia directora firmó el punto 5 de los acuerdos: no reelección. Hoy, su firma existe, pero su cumplimiento no. Las palabras se han vuelto papel mojado, y la memoria, un obstáculo más que un principio. Esta columna no busca promover a ningún candidato, sino recordar que, en una institución educativa, el ejemplo debería empezar por quienes la dirigen. Que los valores democráticos no se enseñan en unas diapositivas, sino en la coherencia en la palabra y el honor de la misma.

La ACM es una de las preparatorias más importantes de Puebla, y con ello viene una enorme responsabilidad: la de rendir cuentas, garantizar transparencia, respeto, honestidad y sinceridad, así como una calidad educativa. La BUAP no es cualquier escuela: es la máxima casa de estudios en el estado; es por ello que las preparatorias son igual de importantes que las facultades, y lo que sucede en el Nivel Medio Superior afecta al crecimiento de los futuros profesionales. No se exigen lujos ni algo imposible de hacer; solo se pide una educación de calidad, personas que nos puedan representar, que puedan hacer el intento por resolver las demandas que como alumnos y menores de edad se tienen.

Las actuales generaciones aprendieron a adaptarse a un presente sin frenesí, sobreviviendo a clases en línea, a pantallas congeladas y al silencio digital, pero no debemos acostumbrarnos al silencio impuesto, al miedo disfrazado de normalidad, a las represalias por no aceptar algo que no es correcto. Porque cuando en una preparatoria universitaria se arranca la hoja que pide un debate, se arranca también la esencia de lo que debería significar estudiar en la BUAP: pensar, cuestionar y participar.

En la Alfonso Calderón Moreno, hoy las luces se apagan. Pero mientras existan estudiantes dispuestos a hablar, ninguna oscuridad será permanente.