Marco Antonio Gomez Badillo

El pasado 13 de agosto el INEGI dio a conocer los datos oficiales de la reducción de la pobreza en México, marcando un logro histórico para la nación: 13.41 millones de personas dejaron la pobreza durante el sexenio 2018-2024, lo cual se explica principalmente, según los medios oficiales y expertos, al diligente esfuerzo del Gobierno de México a través de los programas para el bienestar y al incremento real del 135 % del salario mínimo desde 2018. De acuerdo al INEGI en 2018, 51.9 millones de personas se encontraban en situación de pobreza, para el 2024 se contabilizo a 38,5 millones de personas, por lo que, en base a los datos, 13,4 millones de mexicanos en tan solo 6 años salieron de esa condición.

¿Son los mexicanos menos pobres o las estadísticas más optimistas? Para responder esta pregunta es importante hacer una descripción  retrospectiva y entender ¿qué es la pobreza? Los conceptos y términos toman un significado e interpretación distinta de acuerdo a la época del tiempo en que nos situemos, pues a como entendemos y vemos la pobreza hoy, discrepa a como se entendía hace 500 años. Villarrespe advierte que el concepto de “pobreza” ha padecido de modificaciones mas que la misma composición de los pobres. Señala que en la Edad media ser pobre era condición de la gracia divina a “través de la connotación religiosa de los paupers Christi (pobres de Cristo).l Sin embargo, ya a finales del siglo XIII el ser pobre provocaba repudio, dado que se entendía como sinónimo de degradación de la dignidad del hombre. Casi al término de la Edad Media, la multiplicidad de significados que la pobreza había tenido se había reducido a sólo dos: el económico y el religioso. La pobreza, entonces, como concepto, siguió siendo ambivalente: a la vez que se le tenía consideración religiosa, se le tenía aversión física”.

Para inicios del siglo XX se consolido el ENFOQUE RELATIVO DE LA POBREZA, uno de los más importantes para comprender el fenómeno de la pobreza, que considera que la pobreza no debe definirse únicamente en términos absolutos (como la falta de ingresos mínimos para subsistir), sino en relación con los estándares de vida prevalentes en una sociedad determinada.  El sociólogo británico Townsend sostenía que la pobreza no se trata solo de la falta de recursos básicos, sino de la capacidad de los individuos para participar plenamente en la vida social y económica de su comunidad, es decir, una persona es pobre cuando su nivel de recursos es suficientemente bajo como para excluirla de los modos de vida, costumbres y actividades que son habituales en la sociedad a la que pertenece.

En vísperas de lo anterior, Es importante poner énfasis en si los aumentos salariales reales del 135% y las transferencias gubernamentales en los programas del bienestar, se traducen en una significativa integración en los estándares de vida de una sociedad. Es importante advertir que nos enfrentamos a una polarización, dado que los estándares de vida varían de un espacio a otro. Por ejemplo, En Suecia, una persona sin acceso a internet de alta velocidad o transporte público eficiente puede ser considerada pobre, ya que estos servicios son estándar en la sociedad.

En contraste, en un país con menor desarrollo, como Haití, la pobreza puede medirse en términos de acceso a agua potable o alimentos básicos, ya que son necesidades más urgentes.

En el caso de México, una persona que vive en la mancha urbana, puede dado sus ingresos saltar el umbral de “pobreza” (el INEGI define la línea de la pobreza para la zona urbana en 4,722 pesos y zona rural en 3,394 pesos), en los datos oficiales del Estado, pero si estos no son suficiente como para integrarse plenamente a las actividades que son habituales en la sociedad a la que pertenece, se le debe considerar dentro del grupo de situación de “pobreza”.La exclusión de ciertas actividades y bienes crea desigualdad y marginación, afectando la integración social de las personas. Por eso, la pobreza no sólo es falta de ingresos, sino una forma de exclusión que impide la participación plena en la sociedad.

 Análogamente una persona que vive en el campo puede percibir ingresos de hasta 4 salarios mínimos. Sin embargo, si su localidad no cuenta con los servicios indispensables como drenaje, luz, agua, carece de centros educativos, de salud, seguridad social, espacios recreativos y de ocio, puede ser considerada pobre si no puede permitirse actividades o bienes que la mayoría de la sociedad sí tiene, como el acceso a educación, tecnología o recreación.

Pese a que se perfuma un optimismo estadístico en la reducción de la pobreza, no se traduce en que existen menos pobres en el país. La pobreza no es un fenómeno estático ni puramente material, sino un hecho social y relacional, donde las condiciones de vida de las personas están determinadas en gran medida por los estándares colectivos de la sociedad a la que pertenecen.  Finalmente, al pensar en la pobreza como un fenómeno relacional, la perspectiva relativa también nos enfrenta al problema de la desigualdad, un aspecto crucial en sociedades como la mexicana, donde existen profundas brechas de ingreso, acceso a servicios y oportunidades.