Daniel Hernández Sánchez

Claudia Sheinbaum se convirtió en la primera mujer en la historia de México en presidir el Grito de Independencia desde el balcón del Palacio Nacional, marcando un hito histórico en los 215 años de existencia del ritual que mueve la identidad patriótica del país. Esta noche del 15 de septiembre de 2025, ante decenas de miles de personas reunidas en el Zócalo, su voz retumbó como el eco de un cambio simbólico que trasciende lo ceremonial.

Sheinbaum imprimió un fuerte mensaje de soberanía y autonomía nacional, señalando que ningún poder extranjero tiene facultad de dictar decisiones en territorio mexicano. El acto —tejido de símbolos, emoción y reivindicaciones— refleja la sensibilidad de un gobierno que busca marcar diferencias profundas en el estilo presidencial.

La presidenta rindió homenaje explícito a mujeres insurgentes históricas: Josefa Ortiz sin su apellido de casada, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra, Manuela Medina “La Capitana”, además de reconocer a las heroínas anónimas y mujeres indígenas, voces silenciadas en muchas aristas de la historia oficial. Este acto de memoria no solo es simbólico, sino necesario.

El color morado, asociado a luchas feministas, estuvo presente en su vestimenta; una escolta femenina del Heroico Colegio Militar la acompañó al recibir la bandera. Pequeños gestos, grandes resonancias, que dan sentido al cambio de época que Sheinbaum proclama liderar.

Aunque el contexto nacional enfrenta retos de seguridad, desigualdad y crisis política, esta ceremonia dejó claro que la presidencia de Sheinbaum busca instalar una narrativa nueva. Que la representación política pueda verse en rostros diversos, que la figura presidencial no sea solo de papel, sino de presencia concreta para quienes han sido históricamente olvidados.

El primer Grito de Independencia de Sheinbaum será recordado como algo más que un acto simbólico: fue una afirmación de presencia, de reconocimiento, de apertura hacia aquellas identidades marginadas. Una de esas noches en las que la Historia se inclina un poco y abre puertas para lo que apenas comienza.