Andrés Cisneros

El Ayuntamiento de Puebla anunció con bombo y platillo que ha tapado más de 77 mil 500 baches como parte de su campaña “Bacheando Puebla”. La cifra fue presentada como un gran logro de la administración de Pepe Chedraui, aunque para la ciudadanía resulta irónico que algo tan básico como mantener en buen estado las calles sea convertido en bandera política.

La situación se vuelve aún más absurda si se toma en cuenta que la capital poblana se ha ganado fama por su pésimo estado vial. De hecho, los baches se han convertido en uno de los sellos distintivos de este gobierno, al grado de que en redes sociales abundan videos y parodias en TikTok que se burlan de cómo Puebla parece competir por ser la “capital del bache”.

Incluso el propio gobernador Alejandro Armenta ha llamado la atención de Pepe Chedraui, pidiéndole que se ponga a trabajar y atienda con seriedad los problemas de la ciudad. Porque mientras la inseguridad crece y los servicios públicos se deterioran, lo único que parece presumirse es la colocación de parches de asfalto, como si eso resolviera la percepción de abandono urbano.

La incongruencia es evidente. ¿No que los parquímetros iban a destinarse al mejoramiento de calles? La recaudación millonaria que ha generado este esquema no se ve reflejada en vialidades duraderas ni en un cambio real en la infraestructura. Lo único que se muestra es una campaña publicitaria para intentar vender como “avance” lo que en realidad es una obligación mínima de cualquier administración.

Lejos de ser un logro, el “Bacheando Puebla” se ha vuelto la muestra más clara de un gobierno que se enorgullece de cubrir sus propios errores. Tapar baches debería ser parte de la rutina diaria de mantenimiento urbano, no el estandarte de comunicación oficial para presumir capacidad de gestión.

En este contexto, la pregunta es inevitable: ¿qué otro resultado tangible puede presumir esta administración? Porque hasta ahora, lo más recordable son los baches, los parquímetros y la inconformidad ciudadana. Si esa es la herencia que Pepe Chedraui quiere dejar en Puebla, parece que la capital seguirá marcada por el pavimento roto y la frustración de sus habitantes.