Ximena Solis La rendición de Ismael “El Mayo” Zambada en Estados Unidos y su decisión de declararse culpable ante la justicia de ese país han sido descritas como un “hito histórico” en la lucha internacional contra el narcotráfico. Con más de cinco décadas en el negocio ilícito, el líder del Cártel de Sinaloa es considerado uno de los capos más longevos e influyentes del crimen organizado en México. Autoridades estadounidenses aseguraron que la confesión de Zambada representa un golpe contundente a la estructura del cártel, pues no solo debilita su cadena de mando, sino que también podría abrir la puerta a información clave sobre operaciones, rutas y vínculos internacionales de la organización. “El Mayo” Zambada, quien durante años se mantuvo como un fantasma que eludía a las autoridades mexicanas, decidió entregarse en lo que analistas describen como un movimiento pragmático: evitar una captura violenta, negociar beneficios judiciales y garantizar cierta protección para su círculo cercano. En México, la noticia ha sido recibida con reacciones mixtas. Para algunos sectores, la caída de Zambada simboliza el principio del fin de uno de los cárteles más poderosos del mundo. Para otros, es un recordatorio de que el crimen organizado no desaparece con la rendición de un líder, ya que sus estructuras son resilientes y tienden a regenerarse rápidamente. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha insistido en que este hecho no debe generar triunfalismo en el país, pues la violencia vinculada al crimen organizado responde también a dinámicas locales y a la disputa de territorios que se recrudece cuando se generan vacíos de poder. A nivel internacional, la declaración de culpabilidad de Zambada se interpreta como un mensaje fuerte de cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad. La Casa Blanca subrayó que seguirá trabajando de manera estrecha con el gobierno mexicano para enfrentar a los grupos criminales transnacionales. El caso de El Mayo se suma a la larga lista de capos que han terminado rindiéndose o cayendo en manos de la justicia, pero su figura, por la antigüedad y el poder que acumuló, marca un antes y un después en la historia del narcotráfico. El desafío será medir si este “hito histórico” logra traducirse en una reducción real de la violencia y el debilitamiento sostenido de las organizaciones criminales. Navegación de entradas Puebla se proyecta como capital tecnológica con nuevos proyectos industriales y de salud Gobierno federal advierte: el Cártel de Sinaloa no está extinto pese a la captura de líderes