Andrés Cisneros El Instituto de la Juventud del municipio de Puebla presentó su actividad “Limpia en Verano: Juventud que transforma”, un rally ecológico que busca promover el trabajo en equipo y la conciencia ambiental entre jóvenes de 10 a 20 años. Sin embargo, más allá de la causa que representa, esta dinámica parece sumarse a la lista de acciones aisladas, sin continuidad ni impacto real, que viene impulsando el organismo municipal. El evento consiste en pruebas físicas y mentales relacionadas con el consumo responsable y la clasificación de residuos. Una idea interesante en papel, pero que se queda en lo superficial cuando no existe un plan de seguimiento que convierta el aprendizaje en resultados sostenibles. No se trata de restar mérito a la importancia de fomentar la educación ambiental entre los jóvenes. Todo lo contrario: es un tema urgente en una ciudad que enfrenta serios problemas de contaminación y gestión de residuos. Pero pretender que un rally de dos horas sea suficiente para transformar la realidad refleja la falta de visión estratégica del Instituto. Este tipo de actividades, que se realizan una sola vez y sin proyección de continuidad, parecen más diseñadas para llenar un calendario que para resolver problemas de fondo. Los jóvenes de Puebla no necesitan entretenimiento disfrazado de política pública, necesitan programas duraderos, con presupuesto, estructura y capacidad de generar cambios palpables. La crítica no es hacia el trasfondo —la conciencia ecológica siempre será positiva— sino hacia la ejecución. Una actividad aislada, sin un componente educativo sólido y sin seguimiento posterior, se convierte en un acto simbólico que pronto será olvidado. El Instituto de la Juventud parece repetir un patrón preocupante: anuncios llamativos, actividades menores y cero resultados medibles. En vez de consolidar una agenda robusta que articule la voz de la juventud en la vida pública, se ha limitado a presentar iniciativas sin rumbo claro, como si de un checklist burocrático se tratara. Los jóvenes poblanos merecen mucho más. Merecen programas que fortalezcan su liderazgo, proyectos que les permitan emprender, innovar y ser escuchados en las decisiones que afectan su presente y su futuro. No se puede seguir reduciendo la política juvenil a actividades simbólicas que solo duran unas horas. “Limpia en Verano” pudo haber sido el inicio de una estrategia educativa ambiental de largo alcance. Lamentablemente, quedó como una postal más en el archivo de actividades que no trascenderán. Navegación de entradas Sheinbaum: “Ningún gobierno se atrevería a violar nuestra soberanía” Puebla se proyecta como capital tecnológica con nuevos proyectos industriales y de salud