Autor: Daniel Hernández Sánchez El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizó una sorpresiva visita a la prisión de máxima seguridad Blackwater River Correctional Facility, en Florida, conocida coloquialmente como “El Alcatraz de los Caimanes” por su ubicación en una zona pantanosa y su reputación de extremo control penitenciario. La visita, cargada de simbolismo y estrategia política, fue interpretada como un intento por reforzar su discurso de “mano dura” contra el crimen, en medio de un clima nacional tenso por las protestas migratorias y las recientes críticas internacionales por la actuación estadounidense en Medio Oriente. Durante el recorrido, Trump habló con personal penitenciario, supervisó los sistemas de vigilancia e incluso visitó celdas de aislamiento. En sus declaraciones, afirmó que Estados Unidos necesita “más prisiones como esta” y criticó las políticas de rehabilitación por ser “demasiado blandas”. La prisión ha sido objeto de múltiples reportajes por presuntas violaciones a derechos humanos y condiciones extremas para los reclusos, muchos de ellos migrantes detenidos por razones administrativas. Organizaciones civiles calificaron la visita como “una provocación” y un acto mediático con fines electorales. Analistas consideran que Trump está intensificando su narrativa de seguridad en estados clave, como Florida, donde mantiene una base sólida de simpatizantes. Su visita también fue acompañada por mensajes en redes sociales en los que aseguró que “el sistema penitenciario debe ser respetado, no reformado”. Este gesto marca un nuevo episodio en la estrategia política del mandatario, que continúa usando la polarización como herramienta para consolidar apoyo en su segundo mandato. Navegación de entradas Irán denuncia ataque israelí a prisión de Evin: al menos 71 muertos pese al alto al fuego Fiscalía de Nueva York retira cargos contra Ovidio Guzmán: continuará proceso en Chicago y DC