Autor: Daniel Hernández Sánchez La tensión en Medio Oriente continúa en aumento. En un movimiento que ha generado preocupación global, el gobierno de Estados Unidos ha ordenado el despliegue de aviones B-52 y B-2, equipados con bombas anti-búnker —conocidas como “bunker busters”—, en respuesta a los crecientes enfrentamientos entre Israel e Irán. Esta decisión reafirma el respaldo militar directo de Washington hacia Tel Aviv en un conflicto que amenaza con desbordarse regionalmente. De acuerdo con información publicada por La Nación y otros medios internacionales, se trata de un posicionamiento táctico que no se daba desde la administración Obama. Las bombas en cuestión, como las GBU-57 Massive Ordnance Penetrator (MOP), están diseñadas para destruir instalaciones subterráneas reforzadas, como los presuntos laboratorios nucleares iraníes. La lectura es clara: Estados Unidos se prepara para un posible escenario de ataque estratégico profundo, en caso de que las hostilidades se intensifiquen aún más. La decisión se da en el marco de los ataques cruzados de los últimos días. Irán ha amenazado con represalias tras un nuevo bombardeo israelí en Siria, mientras que el gobierno de Netanyahu ha advertido que no tolerará amenazas “existenciales”. Joe Biden, en su papel de aliado histórico de Israel, ha intensificado la cooperación militar y la vigilancia aérea, al tiempo que mantiene abiertas las líneas diplomáticas con las potencias europeas. Aunque la Casa Blanca ha insistido en que estas maniobras son “disuasorias”, lo cierto es que la comunidad internacional observa con alarma la militarización de la crisis. Las bombas anti-búnker representan una capacidad ofensiva de enorme poder destructivo, y su presencia es vista como una señal de que Estados Unidos podría pasar de un apoyo logístico a una participación activa. Organismos internacionales como la ONU y la OTAN han hecho llamados urgentes a la moderación, advirtiendo que una intervención directa de EE.UU. en la región podría desatar una guerra regional de consecuencias imprevisibles, afectando no solo a Medio Oriente, sino también al comercio internacional y la seguridad energética global. En Israel, la población se mantiene en alerta máxima, mientras que en Irán las autoridades han respondido calificando el despliegue como una “provocación imperialista”. Las próximas semanas serán decisivas para saber si prevalece la diplomacia o si el mundo entra en una nueva espiral bélica. Navegación de entradas Mexicano al Vaticano: José Salas Castañeda será el nuevo coordinador de viajes del Papa León XIV Irán descarta detener su programa nuclear y lanza amenaza directa contra Israel