Autor: Terremoto Político

En un acto de arrogancia sin límites, Eric Trump, hijo del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una amenaza insólita y profundamente ofensiva contra México. Durante un evento proselitista, Eric aseguró que su país podría “decapitar a México en cuatro segundos”, en caso de que el gobierno mexicano no coopere con los intereses de Washington. La frase, violenta y absurda, revela no solo la falta de diplomacia del personaje, sino el peligro que representa cuando el nepotismo da micrófono a quienes no tienen idea de lo que dicen.

Pero ¿quién es Eric Trump? La respuesta corta: el hijo de papá. Eric no ha hecho más que vivir de la sombra de su apellido, administrar (con múltiples cuestionamientos) negocios familiares y repetir el discurso ultra nacionalista y racista de su padre. Sin experiencia política, sin formación diplomática y sin logros propios que no estén ligados al emporio Trump, Eric es uno de esos personajes que existen no por mérito, sino por herencia.

La comunidad internacional, y especialmente la mexicana, no tardó en repudiar sus declaraciones, que además de ofensivas, ignoran completamente las reglas mínimas de convivencia entre países soberanos. Pero claro, cuando uno ha crecido en una torre de oro y prejuicio, parece difícil comprender el valor del respeto. Lo más alarmante no es que lo diga, sino que miles lo aplaudan sin cuestionarlo, en una peligrosa mezcla de ignorancia y supremacismo.

Cabe recordar que Eric Trump ha sido señalado en múltiples ocasiones por sus comentarios racistas, misóginos y clasistas, muy al estilo de su padre. En 2020 fue acusado de evadir impuestos en el manejo de la fundación Trump, y su papel en la administración del emporio familiar ha estado plagado de acusaciones de mal manejo de fondos y conflictos de interés. A diferencia de otros hijos de expresidentes estadounidenses que han cultivado carreras propias en derecho, política o activismo, Eric ha sido más bien una figura decorativa, útil para aplaudir y repetir lo que se diga desde el podio familiar.

Sus palabras recientes no solo son una afrenta al pueblo mexicano, sino una muestra grotesca de lo que ocurre cuando la política se convierte en herencia y no en responsabilidad. El hecho de que un personaje como Eric se atreva a amenazar a un país entero habla más de su inseguridad y su necesidad de atención que de una postura seria de Estado.

Más que un liderazgo, lo que representa Eric es una caricatura de poder. Es el eco hueco de un apellido cargado de escándalos, de muros que dividen, de discursos que insultan, y de promesas incumplidas. Y como era de esperarse, un hijo criado bajo esa narrativa de odio y superioridad no podía salir muy distinto. Lo que dijo no es solo un insulto a México, es un insulto a la inteligencia.

En un mundo donde el respeto entre naciones debería ser la norma, no la excepción, declaraciones como la de Eric Trump solo dejan claro que hay apellidos que pesan… pero no por su valor, sino por su arrogancia.