Autora: Ximena Cisneros

Un nuevo y devastador ataque ruso sobre la capital de Ucrania, Kiev, dejó al menos 14 personas muertas y decenas de heridos este martes 17 de junio, según informaron autoridades locales. El bombardeo, uno de los más intensos de los últimos meses, destruyó un hospital, varios edificios residenciales y una guardería infantil, generando una ola de indignación internacional.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, exigió una reacción global contundente ante lo que calificó como un “acto deliberado de terrorismo contra la población civil”. En un mensaje emitido desde el lugar de los hechos, Zelenski instó a las potencias occidentales a “no guardar silencio y actuar con firmeza”, solicitando nuevas sanciones contra Moscú y una aceleración en el envío de ayuda militar.

Las sirenas antiaéreas sonaron a primeras horas de la mañana, y poco después se registraron varias explosiones en diferentes puntos de la ciudad. Los servicios de emergencia trabajaron durante horas entre los escombros para rescatar a sobrevivientes, mientras se evacuaban hospitales y centros escolares. Imágenes difundidas por la prensa local mostraban escenas de caos, humo y llanto, en medio de estructuras colapsadas.

El gobierno ruso no ha emitido comentarios sobre el ataque, aunque analistas internacionales lo interpretan como una escalada directa frente al endurecimiento del apoyo europeo hacia Ucrania. En días recientes, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos habían anunciado el envío de armamento avanzado, lo que habría provocado una reacción militar agresiva por parte del Kremlin.

La comunidad internacional ha comenzado a reaccionar. El presidente francés Emmanuel Macron condenó el ataque y lo calificó como “inadmisible”, mientras que el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad. Por su parte, el gobierno de México expresó su “más enérgica condena al uso de la fuerza contra población civil” y reiteró su llamado al cese inmediato de las hostilidades.

La ofensiva ocurre a pocos días del arranque de una nueva ronda de negociaciones en Ginebra, lo que hace temer un colapso del diálogo diplomático entre Kiev y Moscú. Mientras tanto, la población ucraniana sigue resistiendo, pero con un creciente desgaste emocional y material tras más de dos años de guerra.