Autor: Andrés Cisneros

Las tensiones en Medio Oriente escalaron este jueves 12 de junio tras una fuerte advertencia de Israel hacia Irán en torno a su programa nuclear. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró que su país “no permitirá que Irán se convierta en una amenaza nuclear real”, y dejó entrever la posibilidad de tomar acciones unilaterales si la comunidad internacional no actúa con mayor firmeza.

Esta declaración se produce tras nuevos informes de inteligencia que indican avances significativos en el enriquecimiento de uranio por parte de Teherán. Según fuentes estadounidenses, Irán estaría ya en capacidad de alcanzar niveles cercanos a los necesarios para fabricar armas nucleares, aunque el régimen iraní insiste en que su programa tiene fines exclusivamente civiles.

Estados Unidos reaccionó de inmediato. Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump hizo un llamado a la contención y afirmó que su administración trabaja para evitar una escalada militar, aunque dejó claro que “todas las opciones están sobre la mesa”. Diplomáticos estadounidenses y europeos han comenzado una ronda urgente de consultas para evitar un conflicto regional.

En respuesta, Irán calificó las amenazas israelíes como “provocaciones inaceptables” y advirtió que cualquier ataque será respondido con fuerza. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní señaló que “la paz regional no se logrará con intimidación ni con sanciones”. También acusó a Israel de intentar desviar la atención internacional de sus propios conflictos internos.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) expresó su preocupación por la falta de transparencia en el programa iraní y pidió acceso inmediato a instalaciones clave. Mientras tanto, países como Rusia y China han llamado a una solución diplomática, insistiendo en la necesidad de mantener vivo el acuerdo nuclear de 2015, del cual Estados Unidos se retiró bajo la primera administración Trump.

La comunidad internacional observa con alarma un escenario que podría desatar consecuencias globales. El equilibrio geopolítico en Medio Oriente, ya frágil, enfrenta una nueva prueba en un momento en que los liderazgos más duros ganan terreno y las vías diplomáticas parecen agotarse.