Autor: Daniel Hernández Sánchez

La relación entre Elon Musk y el presidente Donald Trump, que alguna vez fue una alianza estratégica, ha colapsado en una disputa pública que ha sacudido los cimientos políticos y empresariales de Estados Unidos. Lo que comenzó como una colaboración mutua ha derivado en un enfrentamiento marcado por acusaciones graves, amenazas económicas y un impacto significativo en los mercados financieros.

El desencadenante de esta ruptura fue la crítica de Musk al proyecto de ley fiscal promovido por Trump, conocido como el “One Big Beautiful Bill Act”. Musk calificó la iniciativa como una “abominación repugnante” que aumentaría el déficit nacional en $2.4 billones, advirtiendo que las políticas arancelarias de Trump podrían llevar a una recesión en la segunda mitad de 2025.

En respuesta, Trump desestimó las críticas de Musk, afirmando que el empresario había “perdido la cabeza” y expresando su falta de interés en dialogar con él . Además, amenazó con cancelar los contratos gubernamentales con las empresas de Musk, incluyendo Tesla y SpaceX, y anunció su intención de vender su Tesla personal como muestra de desaprobación.

La situación escaló aún más cuando Musk insinuó, sin presentar pruebas, que Trump estaba implicado en los archivos relacionados con Jeffrey Epstein, alegando que esta era la razón por la cual ciertos documentos permanecían sellados . Estas acusaciones intensificaron el conflicto, llevando a Musk a respaldar públicamente la idea de un juicio político contra Trump.

El enfrentamiento ha tenido repercusiones económicas significativas. Las acciones de Tesla sufrieron una caída del 14.2%, eliminando $152 mil millones en valor de mercado . Además, Musk amenazó con desmantelar las operaciones de la nave espacial Dragon de SpaceX, crucial para las misiones de la NASA, aunque posteriormente retractó esta amenaza.

La disputa también ha generado divisiones dentro del Partido Republicano. Algunos legisladores se encuentran en la disyuntiva de apoyar a Trump o alinearse con Musk, quien ha sido una figura influyente en círculos conservadores . Mientras tanto, movimientos sociales como el “50501” y protestas como “Hands Off” han aprovechado la situación para intensificar sus demandas de impeachment contra Trump y la eliminación de Musk de cualquier cargo gubernamental.

A pesar de los esfuerzos de algunos intermediarios, como el inversionista Bill Ackman, para mediar en el conflicto, Trump ha rechazado cualquier intento de reconciliación, manteniendo su postura crítica hacia Musk . La Casa Blanca ha confirmado que no hay planes para una conversación entre ambos.

Este enfrentamiento entre dos de las figuras más poderosas de Estados Unidos no solo refleja una ruptura personal, sino que también pone en evidencia las tensiones entre el poder político y empresarial. Las consecuencias de esta disputa podrían tener un impacto duradero en la política estadounidense, la economía y la percepción pública de ambos líderes.