Autores: Angie Mercedes Cespedes RomeroBenjamin Matias Luey ChangDul Eunice Campos AncoDaniela Lisbeth Medina PinedaRaúl Eduardo Flores RojasTesheyra Marshelly Quiroz Trujillo La diplomacia ha demostrado ser una herramienta indispensable en la política exterior de unpaís, ya que ha prevenido conflictos entre Estados. Es bien sabido que su contribución a lasciencias sociales sentó las bases de las actuales Relaciones Internacionales. No obstante,resulta evidente que, históricamente y en la actualidad, el hombre ha tenido mayor presenciaque la mujer en esta disciplina política. Por lo tanto, con motivo de conmemorar el mes delDía de la Mujer, nos es grato resaltar cómo la mujer, pese a la opresión histórica, ha logradodestacar en el campo diplomático a lo largo de la historia. Desde la antigüedad, ya se habían concebido ciertas bases de la diplomacia como unapráctica que concretaba negocios comerciales con actores individuales (Rojas, 1985). Sinembargo, en estas épocas lejanas de la historia, se oculta la documentación del protagonismofemenino en la política exterior de antiguos Estados. En primer lugar, podemos recordar a lafaraona Cleopatra VII, quien gobernó sola, unió políticamente a los Estados dominados porel Imperio de su dinastía a través de la difusión cultural y logró ralentizar la subyugación totaldel Egipto ptolemaico ante los romanos hasta su caída en el año 30 a.C. (Roller, 2023). Durante la Edad Media, algunas mujeres desempeñaron un papel clave en la estrategia military política exterior, como Juana de Arco. A los 17 años, obtuvo el permiso del Delfín deFrancia para liderar un ejército contra los ingleses, logrando levantar el asedio de Orleans yllevar al monarca a su coronación en Reims (Ringbom, 2010). Asimismo, su liderazgocarismático elevó la moral del ejército francés y movilizó a los campesinos a luchar por sunación. De esta manera, Juana de Arco demostró su capacidad estratégica sin formaciónprevia (DeVries, 2002; Richey, 2000). Otro personaje femenino que logró un impacto en la Edad Moderna es Catalina la Grande,quien transformó Rusia durante su reinado al expandir su territorio en Polonia y Turquía,impulsar su economía y consolidar su poder diplomático y militar (Ramírez Rivas, 2019).Según lo recopilado por Lucero (2022), el primer ejercicio de diplomacia formal por unamujer fue documentado en 1507 con Catalina de Aragón, hija de los reyes españoles, quienactuó como embajadora oficial de su padre, Fernando II de Aragón, en Inglaterra. En dichamisión, logró fortalecer la alianza entre Inglaterra y España mediante negociaciones políticasefectivas, demostrando habilidad y liderazgo en una época dominada por figuras masculinas. Asimismo, un ejemplo destacado de una esposa influyente es Abigail Adams, la segundaprimera dama de los Estados Unidos al final del siglo XVIII. Adams promovió los derechosde las mujeres con su icónica frase “Remember the ladies”, dicha ante los Padres Fundadorespara abogar por la inclusión de las mujeres en las nuevas leyes. Además, se opusofirmemente a la esclavitud, apoyó las leyes de extranjería y fomentó la eduación femenina(Michals, 2015). No es posible determinar quién fue la primera diplomática formalmente reconocida, ya quevarios autores divergen en sus posturas. Sin embargo, la cronología histórica señala queDiana Apcar fue la primera mujer en ocupar un cargo diplomático formal a nivel mundial, alser nombrada cónsul general honoraria de Armenia en Japón en 1920. Desde este puesto,apoyó causas humanitarias y políticas que beneficiaron a su nación (The Office, 2019).Después de la Segunda Guerra Mundial, Eleanor Roosevelt se convirtió en una figura clavepara la creación de las Naciones Unidas y la redacción de la Declaración Universal de losDerechos Humanos. Durante este proceso, ocupó la presidencia de la Comisión de DerechosHumanos y formó parte de la delegación estadounidense ante la máxima organizaciónmundial (Cortés, 2021). En la actualidad, la diplomacia femenina cuenta con referentes destacados como MichelleBachelet, expresidenta de Chile y alta funcionaria en la ONU, así como Angela Merkel, cuyainfluencia en la Unión Europea ha impulsado políticas claves en áreas como seguridad,comercio y medio ambiente (Quintero, 2024). Uno de los principales desafíos que enfrentanlas mujeres en la diplomacia actualmente es la brecha de género. Diversas barreras culturalesy sociales limitan su acceso a altos cargos diplomáticos, perpetuando prejuicios y estereotipossobre su capacidad de liderazgo y negociación. Según ONU Mujeres (2023), a nivel mundialmenos del 30 % de los cargos diplomáticos de alto nivel están ocupados por mujeres, y solo33 países cuentan con al menos un 40 % de embajadoras en sus misiones internacionales.Estas cifras reflejan la persistente desigualdad y la necesidad urgente de avanzar hacia unamayor equidad en la representación femenina. Para enfrentar estos desafíos, se han implementado políticas activas destinadas a impulsar laparticipación femenina en la diplomacia. Entre ellas destacan la creación de cuotas de género,la promoción de programas de capacitación especializados y el desarrollo de iniciativas dementoría. Además, instrumentos internacionales como la Convención sobre la Eliminación detodas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y la Agenda 2030 han servidocomo marcos globales para que los Estados adopten medidas concretas que promuevan elliderazgo diplomático de las mujeres. Reconocer el aporte histórico de las mujeres en la diplomacia no solo es valorar su legado,sino también comprender que, a pesar de enfrentar siglos de prejuicios, lograron transformarsilenciosamente el mundo. Hoy, al rendir homenaje a su lucha, recordamos que detrás de cadaconquista diplomática femenina hubo valentía, inteligencia y perseverancia. Inspirarnos enestas historias nos permite imaginar un futuro en el que ninguna mujer tenga que demostrarsu capacidad, pues esta será asumida como lo que siempre ha sido: un hecho indiscutible Navegación de entradas La guerra olvidada: La lucha de las mujeres congoleñas contra la violencia sexual León XIV: el primer papa estadounidense abre una nueva etapa en la Iglesia Católica